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LA LEYENDA DE SATURRARAN
La playa de Saturrarán merece una mención
especial por sus incofundibles y perfilados peñascos. Está considerada
una de las playas más hermosas y selectas del cantábrico, es por
ello que son muchos los turistas que no pueden sucumbir a la tentación
de fotografiarla.
Las peñas de Saturraran son de origen Cretácico y se les denomina
"Eskilantzarri", palabra euskaldun que significa "aspecto de campana".
Existe una leyenda popular en torno a estos hermosos peñascos. Dicha
leyenda cuenta la historia de dos amantes llamados Satur y Aran
pertenecientes a un poblado nómada asentado en el entorno.
Satur era pescador y salía a la mar todos los días, mientras Aran
se quedaba esperándole. Un día de fuerte galerna Satur no regresó.
Aran esperó a su amado durante mucho tiempo y desesperada
al ver que no volvía, maldijo a la mar y le pidió que también se
la llevara a ella. Y así fue, esa misma noche se oyó un gran estruendo
y los que presenciaron la escena cuentan que las rocas de Saturraran
cambiaron de forma, convirtiéndose en las figuras de Satur y Aran
para siempre.
El bello paraje de Saturraran, cuenta con mucha historia. A finales
del siglo XIX, junto al actual puente de madera que conduce a Ondarroa,
se encontraba el afamado Establecimiento Maritimo-Balneario denominado
Grand Hotel. Debido al apogeo de los baños de mar de la gente adinerada
del momento, se decidió construir un segundo hotel llamado "Villa
Capricho". Para poder responder a la gran demanda del momento se
crearon otros tres hospedajes: "La fonda Astigarraga", "Barrenengoa"
y "Buena Vista". En 1921, debido al gran declive del Balneario,
la propiedad pasó al Obispado de Gasteiz quien lo convirtió en un
Seminario de verano. En 1937, pasó a ser una cárcel de mujeres.
En 1944, vuelve a convertirse en Seminario hasta que finalmente
en 1987, el Ayuntamiento de Mutriku le compra los edificios y tierras
de Saturraran al Obispado de Gipuzkoa.
Hoy en día, muy cerca de las peñas se encuentra el caserío Saturraranzar,
propiedad de la familia del Conde de Mutriku, así como su residencia
veraniega.
Según la leyenda los peñascos adoptaron las formas
de los amantes Satur y Aran.
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